La hiperlaxitud ligamentosa es una condición en la que los ligamentos tienen una elasticidad excesiva, lo que provoca una movilidad articular mayor de lo normal. Aunque en algunos casos no genera problemas, en otros puede derivar en dolor, inestabilidad y lesiones recurrentes. Por este motivo, en este artículo del Colegio Oficial De Podólogos de Castilla-La Mancha te lo contamos todo sobre esta condición.
Definición de hiperlaxitud ligamentosa
La hiperlaxitud ligamentosa se caracteriza por una excesiva flexibilidad en las articulaciones debido a la menor resistencia de los ligamentos. Esto ocurre porque el colágeno, principal componente de los tejidos conectivos, tiene una estructura más laxa, lo que disminuye su capacidad para mantener la estabilidad articular. Puede presentarse de forma aislada o asociada a síndromes como el de Ehlers-Danlos.
Síntomas de la hiperlaxitud ligamentosa
A continuación, te contamos cuáles son los principales síntomas de la hiperlaxitud ligamentosa:
- Dolor articular y muscular: debido a la falta de estabilidad, las articulaciones pueden sobrecargarse, generando molestias crónicas.
- Luxaciones y esguinces frecuentes: la laxitud ligamentosa aumenta el riesgo de que las articulaciones se desplacen o sufran lesiones repetitivas.
- Fatiga muscular: al no contar con un soporte ligamentoso firme, los músculos deben trabajar más para mantener la estabilidad.
- Problemas posturales: la hiperlaxitud puede afectar la alineación corporal, provocando alteraciones en la marcha y dolores en la espalda o rodillas.
¿Qué consecuencias tiene?
Además, es importante tener en cuenta que, si no se trata adecuadamente, la hiperlaxitud ligamentosa puede llevar a un desgaste prematuro de las articulaciones, favoreciendo la aparición de artrosis. Además, la inestabilidad crónica puede generar lesiones recurrentes y afectar a la calidad de vida del paciente, limitando su actividad física y aumentando el riesgo de caídas.
¿Cómo tratar la hiperlaxitud ligamentosa?
En cuanto al tratamiento, se basa en el fortalecimiento muscular mediante fisioterapia, con ejercicios de estabilidad y propiocepción. También se recomienda el uso de ortesis o vendajes funcionales para proteger las articulaciones. Además, un calzado adecuado y la corrección postural son clave para evitar sobrecargas. Por último, en casos severos, se pueden valorar terapias como la proloterapia o, en situaciones extremas, la cirugía. En cualquier caso, nuestra recomendación es que visites a tu podólogo de confianza para que valore tu caso y realice el tratamiento más adecuado.



