Cuando se habla de melanoma, muchas personas piensan en lunares del tronco o en lesiones provocadas por el sol. Sin embargo, existe un subtipo que puede aparecer en zonas menos esperadas: las plantas de los pies, las palmas y el aparato ungueal. Es el melanoma acral, y cuando se localiza en la unidad ungueal hablamos de melanoma subungueal. Precisamente porque no siempre se asocia a la exposición solar y puede parecerse a lesiones benignas, su detección suele retrasarse.
En la planta del pie, las lesiones iniciales pueden presentarse como una mancha marrón o negra, plana, de bordes irregulares, que va creciendo con el tiempo. Algunas pueden ser poco pigmentadas o incluso amelanóticas, por lo que pueden confundirse con callos, verrugas o pequeñas lesiones traumáticas. En estadios iniciales el melanoma acral puede ser sutil, pero si progresa suele hacerse más asimétrico, más heterogéneo en color y más irregular en su contorno.
Desde el punto de vista dermatoscópico, uno de los patrones más relevantes en piel acral es el llamado “parallel ridge pattern”, es decir, pigmentación siguiendo las crestas de la piel. Una revisión reciente recoge que este patrón tiene una sensibilidad del 86,4 % y una especificidad del 99,0 % para melanoma acral, aunque no debe interpretarse de forma aislada y siempre debe contextualizarse clínicamente.
En las uñas, el melanoma subungueal suele manifestarse como una banda marrón o negra longitudinal en una sola uña, con tendencia a ensancharse, volverse irregular o acompañarse de distrofia ungueal. La regla ABCDEF se utiliza como ayuda clínica para reconocer señales de alarma: banda pigmentada ancha o de bordes irregulares, cambios rápidos, afectación de un solo dedo, extensión del pigmento a la piel periungueal y antecedentes personales o familiares relevantes, entre otros elementos. La extensión del pigmento más allá de la uña hacia la piel cercana, conocida como signo de Hutchinson, es un dato especialmente preocupante.
La American Academy of Dermatology advierte además sobre varios signos que no deben pasarse por alto: una línea oscura en la uña, oscurecimiento de la piel junto a la uña, despegamiento ungueal, rotura o fisura longitudinal y la aparición de un bulto o nódulo bajo la lámina ungueal.
En consulta podológica, conviene prestar especial atención a cualquier lesión plantar pigmentada nueva, cambiante, asimétrica, irregular, que sangre o no encaje con el aspecto de una lesión banal. En las uñas, debe generar sospecha una melanoniquia longitudinal de nueva aparición en un adulto, sobre todo si afecta a un solo dedo, crece en anchura, presenta colores heterogéneos o se acompaña de destrucción de la uña. No toda banda pigmentada es un melanoma, pero tampoco debe restarse importancia a un hallazgo persistente o evolutivo.
La clave está en la detección precoz. Ante cualquier duda, la derivación rápida a dermatología es fundamental para valoración con dermatoscopia y, si procede, biopsia. En lesiones acrales y ungueales, el retraso diagnóstico sigue siendo uno de los grandes problemas, precisamente porque a menudo se confunden con procesos benignos del pie.



