El hallux limitus y el hallux rigidus son dos expresiones de un mismo problema progresivo que afecta a la articulación metatarsofalángica del primer dedo, es decir, a la base del dedo gordo del pie. En fases iniciales, el movimiento está limitado, pero todavía existe cierta movilidad: es lo que suele llamarse hallux limitus. Cuando la rigidez, el dolor y el desgaste articular progresan, hablamos de hallux rigidus. Se trata de una de las formas más frecuentes de artrosis del antepié.
Muchas personas lo describen de forma muy gráfica: “el dedo gordo se me ha quedado rígido”. Y es una buena descripción. Lo habitual es que aparezca dolor al caminar, especialmente al impulsar el pie, dificultad para doblar el dedo hacia arriba, inflamación en la zona y, en fases más avanzadas, una prominencia ósea dorsal o “juanete dorsal” que roza con el calzado.
Su origen puede relacionarse con cambios degenerativos de la articulación, alteraciones biomecánicas, antecedentes traumáticos y sobrecarga mantenida. El diagnóstico se basa en la historia clínica, la exploración y las radiografías en carga. El documento de consenso del American College of Foot and Ankle Surgeons indica que las radiografías con carga permiten valorar el estrechamiento articular, la esclerosis subcondral, los osteofitos y otros cambios óseos, aunque ningún hallazgo aislado es patognomónico por sí mismo.
La clasificación clínica y radiográfica ayuda a graduar la severidad. Entre los sistemas más utilizados, el consenso de ACFAS destaca que las clasificaciones que combinan exploración física y radiología son las más útiles en la práctica, y cita la de Coughlin y Shurnas como la más cercana a un “gold standard” entre las disponibles.
En fases iniciales o moderadas, el tratamiento suele comenzar por medidas conservadoras: modificación del calzado para reducir el conflicto dorsal, plantillas u ortesis, control de la carga y abordaje del dolor. Cuando el problema progresa y limita claramente la funcionalidad, puede ser necesario valorar tratamiento quirúrgico.
Entre las cirugías conservadoras de la articulación, la cheilectomía es una de las más conocidas. El consenso de ACFAS señala que puede reducir el dolor, mejorar la función y aumentar el rango de movimiento de la primera metatarsofalángica, y la considera un procedimiento frecuente y reproducible en estadios iniciales o intermedios.
En fases más avanzadas, cuando el daño articular es importante, la artrodesis de la primera metatarsofalángica sigue considerándose una opción muy sólida. El mismo consenso la describe como un tratamiento seguro y efectivo para los estadios tardíos, y la sitúa como el estándar de referencia en casos avanzados por su capacidad para aliviar dolor y mejorar función.
Por tanto, no conviene normalizar un dedo gordo que cada vez se mueve menos. Un diagnóstico podológico precoz puede marcar la diferencia entre manejar el problema con medidas conservadoras o llegar a fases en las que la rigidez y la artrosis ya estén muy establecidas.



