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Consecuencias podológicas del uso prolongado de calzado de seguridad laboral

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Quienes trabajamos muchas horas de pie o en movimiento, sabemos lo importante que es llevar un calzado de seguridad adecuado. Sin embargo, incluso el mejor calzado puede generar molestias si se usa durante jornadas prolongadas. Es fundamental entender cómo puede afectar a nuestros pies, no solo para prevenir dolencias, sino también para cuidar nuestra salud general.

Por ello, en este artículo del Colegio Oficial de Podólogos de Castilla-La Mancha te contamos las principales consecuencias de usar este tipo de calzado durante mucho tiempo.

Dolor plantar y sobrecarga muscular

Una de las consecuencias más frecuentes del uso continuado de calzado de seguridad es el dolor en la planta del pie, especialmente en la zona del talón y del arco. Esto se debe a la rigidez de la suela y a la falta de amortiguación, que no absorbe correctamente los impactos al caminar o estar de pie. Con el paso del tiempo, esta sobrecarga puede derivar en fascitis plantar, una inflamación del tejido que recorre la planta del pie y que provoca dolor punzante, sobre todo al comenzar el día.

Aparición de durezas y callosidades

La fricción constante y la presión excesiva en ciertas zonas del pie pueden dar lugar a la formación de durezas y callos. Esto suele suceder cuando el calzado no se adapta bien a la forma del pie, o cuando se usa sin el tipo de calcetín adecuado. Aunque al principio puedan parecer solo una molestia estética, estas lesiones pueden volverse dolorosas e incluso derivar en heridas si no se tratan correctamente.

Alteraciones en la pisada

El uso prolongado de calzado con suelas poco flexibles o con un diseño poco ergonómico puede provocar cambios en la forma en que pisamos. Estas alteraciones, como una pronación o supinación excesiva, pueden afectar a nuestra estabilidad y aumentar el riesgo de esguinces o lesiones musculares. Además, una pisada incorrecta prolongada en el tiempo puede generar compensaciones posturales que afectan a otras partes del cuerpo.

En resumen, cuidar nuestros pies cuando trabajamos con calzado de seguridad no es un lujo, sino una necesidad. Acudir a revisiones podológicas, elegir bien el calzado y prestar atención a las señales que nos da el cuerpo es clave para prevenir molestias mayores y seguir rindiendo sin dolor.

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